Son
muchos los que pintan, los que
tienen mano, los que son capaces de copiar friamente, con exactitud y
cálculo, lo que ven o de
seguir la moda de lo que hay. Embellecen, asustan o crean un alboroto sensacional,
deslumbrante y otros, nos hacen sonreir, pensar y soñar.
Hay
miles de fórmulas para componer
imágenes y más hoy en día, con la tecnología a nuestro alcance. Se logran maravillas estéticamente correctas pero en muchos casos, perfectamente frias y totalmente carentes
de espíritu o de alma. Lo
único que no se puede comprar ni aprender es el propio don de la creatividad. Este,
“nace, no se hace” y tan complejo
es, que hemos logrado llegar a la luna y nadie ha logrado descifrarlo ni
entenderlo
y mucho menos, envasarlo. Para transmitirlo
hay que ser un verdadero mago.
El
proceso creativo varía de persona a persona. Se
le llama musa, manía, don,
ángel, inspiración, Dios, diosa, el
diablo, genio y cualquier otro tipo de definición, que igual queda
siempre indefinido.
En
fin, nos deja, entre las preguntas,
"¿quiénes somos?” "¿de dónde venimos?” y "¿hacia dónde vamos?” y
el arte, “¿de dónde viene el arte?”
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