"El
arte es algo que se piensa, se vive y se siente, que se ama, se respira, se
observa, se toca y muchas veces se entiende; es y no es, pues sólo el que ha
amado, llorado y sentido comprende y recibe la pasión del arte que no muere
sino que sólo existe en aquel corazón que en algún momento lo cobijó"
Creo en el arte porque siento que tengo dentro de mí una
necesidad de crear, de expresarme. Pienso que todas las personas tenemos un
sentido de la creatividad, pero no todo el mundo ha descubierto cómo alimentarlo.
Lo hermoso del arte es que no cabe objetivizarlo, es que habla de los
sentimientos del artista, y todos llevamos un artista dentro. Hacer arte supone
perder el miedo a equivocarse, supone coger un pincel, supone mirar a través de
un objetivo, supone observar a la naturaleza, sin miedo, de la misma manera que
un niño pequeño coge una pintura. Hacer arte supone poner el corazón en lo que
se hace, hacer arte supone vivir para él y por él. Hacer arte supone mirar a
nuestro alrededor y que lo que vemos pueda llegar a evocar en nosotros
sensaciones y sentimientos, supone borrar los límites de la realidad y del
sentido común. El arte no se puede medir, el arte humaniza. Renunciar al arte
es renunciar a una parte de nosotros mismos, renunciar a vivir.En los días que
corren, donde todo se mueve tan deprisa, donde todo es efímero, y nada vale
nada excepto lo que tiene valor económico… Solo podemos hacer dos cosas, o
aferrarnos al arte y arroparnos en él, o dejar que se nos marchite la
El arte contribuye a la transformación social y a la
equidad porque garantiza el acceso universal a los bienes simbólicos. Aquí
entendemos que el camino de la transformación social es una construcción
colectiva, que sólo sucederá mediante intercambios de prácticas y saberes en los
que permitamos que nuestros espacios grupales e institucionales cerrados se
vuelvan permeables a otras experiencias.
El arte es un arma cargada de futuro, como aparece al
final de la película “Noviembre”, En este film, Alfredo (Óscar Jaenada) junto a
otros jóvenes actores, decide crear un grupo de teatro independiente llamado
Noviembre, con un concepto de este arte algo diferente del convencional: para
ellos, el teatro es una forma de comunicación que va más
allá del escenario, debe ser un instrumento de comunicación entre los hombres
para hacerlos mejores, para que se sientan vivos, un arte libre, un medio para
cambiar la sociedad y con ella el mundo.
La película está rodada a modo de falso documental, manejando dos tiempos: en el presente los actores ancianos recuerdan con nostalgia el pasado, cuando comenzó Noviembre (a finales de los años 90). Todas las escenas de obras teatrales están rodadas en el exterior con una simple cámara digital, y el público que participa son personas reales, no actores; con esto se consigue un mayor realismo y espontaneidad.
El objetivo de Noviembre de acabar con un mundo individualista y materialista a través del arte dramático se plasma en un Manifiesto donde apuestan por la defensa de la autonomía creativa, la libertad, la independencia, la improvisación… un grito de protesta frente al conformismo y la supremacía del poder económico dentro del arte (trámites para conseguir permisos de actuación, burocracia y normas preestablecidas, etc.). Una actitud revolucionaria colmada de idealismo, considerada por algunos como utópica, especialmente por la decisión de actuar sin ánimo de lucro y únicamente en el exterior, además de negarse a adaptar obras ya creadas o a aceptar miembros que hayan tenido alguna relación con el mundo del teatro profesional. En Noviembre se nos muestra la originalidad como la única salvación frente al conservadurismo y el pensamiento único (con sus reglas que intentan homogeneizar todas las disciplinas artísticas, incluido el cine), se rebasan las fronteras de lo políticamente correcto hasta llegar a la insubordinación y a la ruptura de normas, tanto sociales como morales.
Al principio se dedican a lo que ellos mismos llaman “teatro popular”, que con actos provocativos y a veces perturbadores y soeces, busca la reacción del público anónimo (por ejemplo, una representación en la que se disfrazan de bebes-demonio que siembran el pánico por la calle… acabando en comisaría después de la obra). Con el transcurso de la película se puede apreciar un giro hacia un “teatro documental”, con obras de denuncia social e interpretaciones de papeles reivindicativos. En una de estas obras se intenta demostrar cómo las personas pierden el tiempo delante de la televisión, y en otra se pretende discutir la situación de marginación de discapacitados, drogadictos e indigentes hoy en día. Pero la más decisiva para Noviembre es la representación de “Atentado”, tras la cual son acusados de hacer apología al terrorismo, cosa que demuestra que en ningún momento les van a poner las cosas fáciles al grupo independiente.
Para Noviembre no hay censuras ni límites, sólo ideas y arte: todo vale para conseguir que el público pase de ser simples espectadores a formar parte de la representación. Por lo tanto, se nos plantea una importante reflexión sobre la capacidad de la comunicación (aquí entendida como arte dramático) para influir sobre la sociedad, para cambiar su posición, para conseguir que se asusten, se diviertan, rían o lloren. Además, se nos muestran tanto el teatro como el cine como un reflejo de la realidad, que pueden en ocasiones parecernos más verosímiles que la misma vida; por esto, nos propone una discusión sobre la ¿utópica? autenticidad del arte y por tanto de la comunicación.
La película está rodada a modo de falso documental, manejando dos tiempos: en el presente los actores ancianos recuerdan con nostalgia el pasado, cuando comenzó Noviembre (a finales de los años 90). Todas las escenas de obras teatrales están rodadas en el exterior con una simple cámara digital, y el público que participa son personas reales, no actores; con esto se consigue un mayor realismo y espontaneidad.
El objetivo de Noviembre de acabar con un mundo individualista y materialista a través del arte dramático se plasma en un Manifiesto donde apuestan por la defensa de la autonomía creativa, la libertad, la independencia, la improvisación… un grito de protesta frente al conformismo y la supremacía del poder económico dentro del arte (trámites para conseguir permisos de actuación, burocracia y normas preestablecidas, etc.). Una actitud revolucionaria colmada de idealismo, considerada por algunos como utópica, especialmente por la decisión de actuar sin ánimo de lucro y únicamente en el exterior, además de negarse a adaptar obras ya creadas o a aceptar miembros que hayan tenido alguna relación con el mundo del teatro profesional. En Noviembre se nos muestra la originalidad como la única salvación frente al conservadurismo y el pensamiento único (con sus reglas que intentan homogeneizar todas las disciplinas artísticas, incluido el cine), se rebasan las fronteras de lo políticamente correcto hasta llegar a la insubordinación y a la ruptura de normas, tanto sociales como morales.
Al principio se dedican a lo que ellos mismos llaman “teatro popular”, que con actos provocativos y a veces perturbadores y soeces, busca la reacción del público anónimo (por ejemplo, una representación en la que se disfrazan de bebes-demonio que siembran el pánico por la calle… acabando en comisaría después de la obra). Con el transcurso de la película se puede apreciar un giro hacia un “teatro documental”, con obras de denuncia social e interpretaciones de papeles reivindicativos. En una de estas obras se intenta demostrar cómo las personas pierden el tiempo delante de la televisión, y en otra se pretende discutir la situación de marginación de discapacitados, drogadictos e indigentes hoy en día. Pero la más decisiva para Noviembre es la representación de “Atentado”, tras la cual son acusados de hacer apología al terrorismo, cosa que demuestra que en ningún momento les van a poner las cosas fáciles al grupo independiente.
Para Noviembre no hay censuras ni límites, sólo ideas y arte: todo vale para conseguir que el público pase de ser simples espectadores a formar parte de la representación. Por lo tanto, se nos plantea una importante reflexión sobre la capacidad de la comunicación (aquí entendida como arte dramático) para influir sobre la sociedad, para cambiar su posición, para conseguir que se asusten, se diviertan, rían o lloren. Además, se nos muestran tanto el teatro como el cine como un reflejo de la realidad, que pueden en ocasiones parecernos más verosímiles que la misma vida; por esto, nos propone una discusión sobre la ¿utópica? autenticidad del arte y por tanto de la comunicación.
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